MALTRATO FILIO-PARENTAL

VIOLENCIA DE LOS HIJOS HACIA LOS PADRES: maltrato filio-parental

En agosto de 2016 hablamos de la educación de nuestr@s hij@s. Siendo esta entrada una segunda parte de aquélla, queremos hablar del maltrato o violencia filio-partental. Cuando se producen actos violencia, debemos reconocer si nos encontramos ante una situación denunciable.

En la actualidad, considerar la violencia filio-parental como algo que desaparece por sí misma es un error. Las situaciones de maltrato filio-parental han crecido de manera preocupante. Sin los instrumentos adecuados pueden permanecer durante mucho tiempo. 

FORMAS

Las formas en las que se manifiesta este tipo de violencia son variadas. Todas ellas merecen nuestra atención para así poder identificar una situación de maltrato filio-parental. Se manifiestan como maltrato físico (pegar, dar puñetazos, empujar, romper y lanzar objetos, golpear paredes, escupir…). También como maltrato psicológico (intimidar y atemorizar a los padres…). Igualmente el maltrato emocional (engañar maliciosamente a los padres, haciéndoles creer, por ejemplo, que se están volviendo locos, pedir cosas irreales, mentir, fugarse de casa, chantajes emocionales amenazando con suicidarse o con marcharse de casa sin tener realmente la intención de hacerlo…). Tampoco podemos olvidar el maltrato financiero (hurtar o robar dinero y/o pertenencias a los padres, venderlos, destruir la casa o los bienes de los padres, incurrir en deudas que los padres deben cubrir, comprar cosas que no se pueden permitir…).

¿POR QUÉ SE LLEGA A ESTA SITUACIÓN?

Si bien la violencia filio-parental es ejercida por niñ@s, jóvenes o adolescentes en apariencia “normalizados”, socialmente ha habido cambios que producen serias dificultades para los padres a la hora de mantener su autoridad:

1.- Incremento en cada familia del hij@ únic@. El hij@ único se convierte en “el rey o la princesa de la casa”, mimándol@s hasta límites insospechados.

2.- Se han modificado los modelos familiares de tipo nuclear, incrementándose las familias monoparentales o las reconstituidas, las de acogimiento o adoptivas, que pueden dificultar el mantenimiento de la autoridad.

3.- Cada vez se retrasa la edad media a la que se tienen l@s hij@s. Los padres son mayores y con menos paciencia para conseguir mantener una disciplina y poner límites.

4.- La plena incorporación de la mujer al mundo laboral, donde el contacto con l@s hij@s disminuye, evitando tensiones en los cortos periodos de tiempo que pasan juntos.

5.- Abuso del televisor, de las tecnologías y de los videojuegos con ciertos contenidos de violencia, que insensibilizan a l@s hij@s.

6.- Delegar en terceros la educación de l@s hij@s.

¿QUÉ HACER ANTE ESTE PROBLEMA?

Junto a la necesidad de la denuncia, existen programas educativos que imparten centros, asociaciones y fundaciones, que ayudarán a solucionar el problema y a construir nuevamente la familia, facilitando las herramientas para afrontar todas las situaciones conflictivas con el mayor éxito posible. En cada Comunidad Autónoma española, existen estos centros o instituciones.

No caigamos en el error de que, no denunciando, beneficiamos a nuestro agresor, todo lo contrario. La denuncia no implica que nuestr@ hij@ vaya a ser sancionado o castigado y ya está. Habrá que buscar una solución eficaz al problema, sobre todo cuando hablamos de menores de edad. Dependiendo de la gravedad del caso, serán tomadas unas medidas u otras, desistiendo el Fiscal de continuar con el expediente, en los casos que así lo aconsejen y en todos los asuntos leves.