PODER PREVENTIVO

EL PODER PREVENTIVO: LA ALTERNATIVA AL PROCESO DE MODIFICACIÓN DE LA CAPACIDAD

El poder preventivo es una herramienta legal que nos permite designar a una persona para que nos represente en determinados actos jurídicos, caso de sufrir un hecho incapacitante.

La esperanza de vida ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. Este aumento no es ajeno a la presencia de enfermedades neurodegenerativas (alzheimer, demencia senil, enfermedad de huntington, enfermedad de parkinson,…), cuyo denominador común consiste en la pérdida gradual, hasta su total desaparición, de la capacidad de autogobierno de quienes se ven afectados por ellas.

Ante la inexistencia de un poder preventivo, es obligatorio el inicio de un proceso de modificación de la capacidad, que junto a la enorme carga de trabajo de la administración de justicia provoca que su duración pueda ser de meses o de años; y durante este tiempo la persona, cuya capacidad es necesario modificar, se encuentra en un limbo jurídico en el que ni ella puede, de hecho, defenderse, ni el ordenamiento la defiende.

¿Cómo evitarlo?

El apoderamiento preventivo es uno de esos instrumentos que la ley pone a nuestro alcance. Se puede otorgar de dos formas:

A) Poder preventivo que subsista en caso de incapacidad, que se recoge, expresamente, en el artículo 1.732 del Código Civil, dentro de la regulación prevista para el contrato de mandato.

B) Poder preventivo que sólo estará vigente cuando el poderdante pierda su capacidad nunca antes. Viene dispuesto en el artículo 223 de nuestro código civil y se denomina “AUTODELACIÓN DE LA TUTELA”.

¿Cuándo y por qué el poder preventivo?

En el momento en el que a una persona se le diagnostica una enfermedad degenerativa o un trastorno cognitivo y antes de perder su capacidad. Esta persona voluntariamente y con juicio de capacidad puede acudir a un Notario y otorgar poder en favor de un tercero. Puede ser una persona física (un familiar) o una persona jurídica (fundación tutelar) para que la represente. Como queda dicho, el poder podrá producir efectos desde la firma del poderdante o bien desde que la persona pierda su capacidad, lo que determinará un facultativo.

Modos

Se puede apoderar a una sola persona responsable de los aspectos personales y patrimoniales, o, nombrar dos de tal forma que una sea responsable de los aspectos personales y otra diferente, de los patrimoniales. Así mismo, para actos más complejos o delicados, como podría ser la compra-venta de un inmueble, se puede disponer que sea necesaria la firma de dos apoderados, etc…

Este poder tiene una particularidad, que, aunque la persona pierda sus facultades, el poder continuará vigente, salvo que éste sea revocado por el Juez. Y el poderdante puede fijar en él las medidas de control hacia el apoderado y las causas por las que se extingue el poder.

Registro

Una vez que la persona afectada ha otorgado el poder ante Notario, éste se preocupa de que se inscriba en un registro especial de disposiciones no testamentarías. Ello garantiza que cuando en un juzgado se conoce de un procedimiento de modificación de la capacidad, siempre el Juez solicitará a este Registro conocer si la persona cuya capacidad va a ser modificada ha nombrado a la persona o personas que deban asistirle.

Ventajas

Y, por otro lado, ambas figuras, además de ser más económicas que todo un procedimiento judicial sobre la capacidad de las personas, se evita tener que pasar por el trance de un procedimiento judicial, donde se deben practicar exploraciones médico-forenses, reconocimiento judicial, celebración de vista; que no dejan de incomodar, tanto para el que sufre la enfermedad, como para sus familiares que deben iniciar el procedimiento a través de una demanda.

Ahora bien, si la persona ha perdido sus facultades, no puede tomar decisiones, no es capaz de auto gobernarse y el notario considera que no tiene suficiente “Juicio de Capacidad”, para otorgar poder preventivo, el único medio de protección de la persona es instar procedimiento de modificación de capacidad y nombramiento de tutor.

Conclusión

“Más vale prevenir que lamentar” es el dicho popular que se adapta totalmente a nuestra entrada de este mes.

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